19.00 De vuelta a casa, me quedo pensando frente a la televisión. Urdo un plan para trabar contacto con mi vecina sin despertar sus sospechas respecto de mis intenciones. Tengo una idea. Elijo una receta. Ensayo frente al espejo.
20.30 Voy a casa de mi vecina, llamo quedamente a su puerta con los nudillos, me abre mi vecina en persona. Me disculpo por importunarla a estas horas y le digo (pero es mentira) que a medio cocinar me he dado cuenta de que no tengo ni un grano de arroz. ¿Tendría ella la amabilidad de prestarme una tacita de arroz, añado, que le devolveré sin falta mañana por la mañana, tan pronto abran Marcabarna (a las 5 de la mañana)? No faltaría más. Me da la tacita de arroz. Le digo que estoy haciendo una paella, pregunto si a ella le gusta. Me contesta que sí, y que, además, su madre tenía una increíble receta. No sé más que decir, me despido y le doy las gracias. Subo corriendo a casa y tiro el arroz a la basura. El plan está funcionando mejor de lo que yo mismo había previsto.
20.35 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido dos cucharadas de aceite. Me las da. Ella me pregunta si puede ayudarme en la cocina, pero rechazo la ayuda. Le digo que no quiero molestarla más, puedo hacerlo solo.
20.39 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido una cabeza de ajos. Me los da. Me pregunta otra vez si quiero ayuda. La rechazo otra vez.
20.42 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido cuatro tomates pelados, sin pepitas. Me los da. Más una vez tengo que rechazar su ayuda.
20.44 Vuelvo a llamar a la puerta mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido sal, pimienta, perejil, azafrán. Le digo que puedo hacerlo solo, no necesito de ayuda.
20.46 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido doscientos gramos de alcachofas (ya hervidas), guisantes, judías tiernas. Me los da. Me dice que todavía no ha cenado y que está sola. Rechazé a su ayuda.
20.47 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido medio kilo de gambas peladas, cien gramos de rape, doscientos gramos de almejas vivas. No me los da. Me dice que si no acepto a su ayuda, no me dará nada más. Estoy de acuerdo. Vamos a mi casa cocinar, pero me he olvidado de que había tirado todos los ingriedientes a la basura. Ella sale de mi casa decindo nombres que no conozco, pero se parecen malos.
21.00 Tan deprimido que ni siquiera tengo ganas de cenar. Antes de acostarme entono las letanías a voz en cuello. Todavía sin noticias de Gurb.
quarta-feira, 31 de julho de 2013
Relato de un extraterrestre sobre una fiesta brasileña
En Brasil hay una fiesta que es un lío de colores. Muchas personas llevan ropas muy raras y se ponen alrededor de un gran animal, pero nos es un simple animal pués él no ataca a la gente, sólo baila; muy rápido, sin descanso. Quizá los colores tengan fuerzas o algún significado, ya que hasta la bestia está llena de hilos coloridos. Mientras se mira la fiesta es posible oír el redoble de los tambores, lo que torna la música muy alegre. Todo eso pasa en el norte y nordeste del país y dicen también que es una mezcla de la cultura europea, africana e indígena. Es sin duda una fiesta muy singular y bella.
sexta-feira, 19 de julho de 2013
Primera tarea.
Chun Lee nació en el distrito Tuen Mun, en 1975. Su padre, Lang Lee, fue uno de los más célebres instructores de Taichi y, desde que Chun era pequeña se lo enseñó.
Trabajó como instructora desde sus 17 años y se formó en Educación Física en la Universidad Católica de Fu Jen. A los 25 años empezó un viaje por Europa, donde enseñó el arte en España, Francia e Italia y aprendió los respectivos idiomas de esos países. Volvió a China en 2005, cuando se murió su padre; en este tiempo se quedó practicando Taichi sola en una isla, donde pudo mejorar sus técnicas y conocimientos. Aún con casi 40 años, permanece con buena forma y ahora se dedica también a dibujar y componer música. Está disponible para dar clases en cualquier lugar pues es muy maja y jovial, además cae muy bien a todos que le conocen.
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