Decidí, hace dos años, ir de viaje a San Martín. Me pongo nervioso solo en recodarme. Todo
salió muy mal. A las 9h me trasladé al aeropuerto en un autobús lleno de gente y
caluroso. Mi vuelo atrasó dos horas y hubo un engaño, quisieron ponerme en un asiento
diferente de lo que había comprado, era muy desconfortable, pero, depués de
mucho lío, conseguí mi asiento de verdad. Cuando llegué a la ciudad, cogí un coche típico
de la zona. Um coche muy viejo, casi no pude abrir el portaequipajes, necesité
de algunas herramientas para eso. A las 18h30 hubo el cóctel de bienvenida del
hotel en que estaba, llamado Tortuga feliz, que se dice 4 estrellas, pero le doy
una y media siendo bondadoso. La comida del cóctel estaba fría y la bebida,
caliente. La variabilidad era muy pequeña, esperaba conocer varios otros tipos
de comida. A las ocho me tomé um baño nocturno en la piscina, que estaba muy
bueno, hasta que me aparece en la cara una rata bañándose conmigo. Hice muchas
reclamaciones, pero el hotel me dijo que no tenía culpa. Tuve que aceptar, además
no tenía muchas opciones en San Martín. Cené al aire libre, no tuve mucha sorpresa, ya esperaba la terrible comida
del hotel, solo no contaba con la fuerte lluvia. Ya sentía la mala suerte que
vendría.
El segundo dia desayuné a las ocho, pedí una comida típica
de la región llamada Raetenôla. Era muy buena, entonces le pregunté al camarero
cuales eran los ingredientes. Él me respondió muy tranquilo que la carne era de
rata (tal vez sea la misma de la piscina). Me fui a una excursión en camellos,
es algo que siempre tuve ganas de hacer, pensaba que sería fácil. En cuatro
minutos me caí del animal y casi me rompo algunas costillas. Ya recuperado, fui a una
visita comentada a las ruinas de Santiago. Por mucho tiempo, y hasta ahora, me
pregunto que hice allí. Debe haber algo escondido en aquellas ruinas, pues no
eran nada bellas y tampoco tenían historia. Además el guía no hablaba español y
mi inglés no está muy bien. A las 14h comí en el oasis de Miras algunos
alimentos naturales, como cocos y dátiles. No conocía los dátiles, no sabía que
dejaban la boca hinchada si comes muchos. No conseguí hablar por dos horas. A
las 17h hice un paso por las dunas de Fraguas y recebí un “baño” de una
tempestad de arena. Volví al hotel alas 19h en furgoneta llena de gente y cené
a las 21h la tradicional mala comida del hotel, pero elegí algo menos extraño
esa vez.
El día 3 desayuné a las nueve. Es decir, “desayuné”. Había poca comida,
pues según ellos a las 9h es muy tarde. A las diez hice actividades lúdicas,
como gimnasia acuática com instructor (que era un loco tarado) y masajes com barro
caliente del desierto de Fraguas. Caliente, eso si. Caliente. Me quemó la
espalda. A las 12h, paseo a caballo por el desierto, lo mío se asustó de pronto
y empezó a correr y yo empecé a temblar, casi que me caigo otra vez. A las 14h deguste
algunos productos de la zona: dátiles, hormigas, escorpiones. Comí por mi espírito
aventurero, pero no me gustó nada. Al final, vomité en una mujer que estaba a
mi lado. Fue una confusión terrible. Después, preferi quedarme en el hotel, ya
había sido el bastante para mí.
El cuarto y último dia tuve que pelear para
conseguir desayunar a las nueve. A las diez fui a la excursión a las playas de
Lama, no me avisaron que había tantos mosquitos, no solo fui picado, sino que
también entraron dos en mi boca y en mi nariz. A las 14h me comí uns pescados en la playa, no sabía que costaban el doble de lo que deverian costar y venía la
mitad de lo que deverían venir. A las 17h hice una visita em helicóptero al gran
cañón de Santa Cruz para ver sus impresionantes puestas de sol, pero un mal
tiempo casi derribó al helicóptero. Pocas veces tuve tanto miedo. A las 20h, cena
de despedida en el hotel, i como estaba feliz por irme! Entonces, el hotel me
dio la cuenta. Me quedé dos días más para poder pagarla.